miércoles, 28 de noviembre de 2012

El viejo y el muchacho

El viejo y el muchacho:
Facundo en el banco de la plazaRecorría el bullicio de un miércoles común en la ciudad, las gentes se aglomeraban en las vitrinas de los comercios a los que no pasarían a comprar, dibujando los sueños del tamaño de un salario promedio, de entre todas esas siluetas, una resaltaba con una tierna alegría senil, Facundo estaba una vez más en el mismo banco de siempre, en la misma plaza de siempre, rondaban las 6 exactas de la tarde y el frío de diciembre se empezaba a sentir, siempre la sonrisa del viejo adornaba su rostro, contando miles de historias que tenía en su haber, si bien Facundo no era de buscar conversación, de vez en cuando compartía su fortuna de vivencias con aquél que se sentara junto a él, esta vez, un niño sorprende la mirada atenta de Facundo, un niño que al igual que el desencajaba del conjunto entero, pero hacía armonía extraña con él, el niño al toparse con la mirada de Facundo, sonríe con la inocencia propia de su edad, unos 7 u 8 años se le calculaba.
Una pelota rodando con la excusa de la diversión compartida llega a los pies de Facundo, el niño esperaba la reacción de los viejos huesos del anciano, pero la artritis poco podía permitirle el juego al viejo, entonces fué cuando el niño con la inocencia que emanaba en sus acciones exclamó:
— Estoy cansadito, he jugado mucho tiempo.
— Pero si eres un jovencito, ¿cómo has de estar tan cansado?.
— Porque juego mucho —dijo el niño sonriendo al viejo—, en serio, mucho.
— Oh ya veo, sabes, yo a tu edad jugaba mucho también
— ¿Que jugaba usted cuando joven?
— También jugaba con la pelota, aunque las pelotas eran un poco distintas a las de ahora
— ¿Eran cuadradas?
— Jajaja, no —exclamó Facundo sintiendo que se le calentaba el pecho con la ingenuidad de aquel muchacho—, eran hechas de un cuero más rústico que este.
— ¿De dónde viene el cuero?
— De la fábrica de cuero —evadiendo la respuesta real que podía complicar más la mente del niño
— Qué otras cosas jugaba de niño señor
— Jugabamos al escondite, un día me escondí tan pero tan bien, que tuvieron que salir los vecinos a buscarme
— Jajajaja, si, lo recuerdo, fue divertido
— Jajajaja, si que lo fue… espera, ¿Qué dijiste?
— Que ya me vinieron a buscar
— Espera, ¿qué dijiste?, ¿quién te vino a buscar?
— Que si me acuerdo, me acuerdo cuando me escondí tan bien que los vecinos salieron a buscarme
— Pero, pero, a ti no, fué a mi —Confuso exclamó Facundo mientras el frío se hacía más intenso
— Ya tengo que irme, vinieron a buscarme
— ¿Quién eres?
— Ya no preguntes tanto, soy Facundo, soy tu, ya vinieron
— A buscarme —completaba en un murmuro facundo mientras se recostaba en el mismo banco de siempre, despidiéndose de la misma plaza de siempre, un frío día de Diciembre.